El libro

Un cuento de Belén Diloy

Mi madrastra

Un lugar para hablar, con cariño, de las familias enlazadas o reconstituidas.

Portada del libro Mi madrastra, de Belén Diloy, ilustrado por Daniel Estandía
Desliza despacio

Hay familias que viven en una casa.

Y familias que viven en dos.

A veces, una familia cambia de forma…

…y se hace un poquito más grande.

Se crean nuevos núcleos familiares.

Y aparecen nuevos miembros de la familia.

Familia reconstituida recompuesta ensamblada combinada mosaico enlazada padrastro hermanastro hermano madrastra

Pero… ¿qué es una madrastra?

ma·dras·tra nombre femenino

Es la mujer que forma pareja con un padre que ya tiene hijos.

Para esos niños es una figura parental más: una adulta de su núcleo familiar que comparte con su padre la vida y la responsabilidad de cuidarlos.

Si es un hombre, se llama padrastro.

Es, sencillamente, familia.

Poco a poco

Alguien nuevo llega a la familia.

Y, como todo lo que importa, se hace sin prisa.

Belén empuja a Aitana en el columpio mientras papá saluda
Primero es alguien con quien jugar en el parque.
Aitana lleva de la mano a Belén para enseñarle su cuarto
Un día llega a casa, un poco nerviosa. Y tú le enseñas tus juguetes.
Papá lee un cuento a Aitana mientras Belén escucha a los pies de la cama
Se sienta a los pies de la cama y escucha el cuento. Sabe esperar.
Momi y Aitana comparten un helado riéndose, bajo un arcoíris
Con el tiempo llegan los planes de dos: un helado, una peli en pijama.
Momi y Aitana juegan a la guerra de almohadas entre plumas
Jugáis, os reís y os contáis secretos.
Momi abraza a Aitana para consolarla
Y os cuidáis cuando hace falta.

Y, poco a poco, vais encontrando ese lugar en la familia.

Ese lugar se construye con pequeños momentos.

Toca una foto para darle la vuelta

El cariño no se reparte.

Papá, Momi y Aitana abrazados

Se multiplica.

Querer a alguien nuevo no le quita el sitio a nadie: hace el corazón más grande.

Aitana corre hacia papá y Momi en el parque

Un nombre propio

Aitana la llama Momi.

Cada familia encuentra sus palabras. Ninguna es mejor que otra: la buena es la que sale del cariño.

  • Momi
  • Mamo
  • Madri
  • Mastri
  • Madrastri
  • Mamastra
  • Mamu
  • Papo
  • Papu

Una puerta abierta

Aquí caben todas las familias

Toca las que conoces. Y, en el corazón, suma la tuya.

Toca el corazón y suma la tuya

Y tu familia, ¿cómo es?

Dibuja a toda tu familia, ¡no olvides incluir a tus mascotas!

Personas

Pelos y gorra

Elige una figura o dibuja con el lápiz

Cosas

Para los mayores

Ideas para hacer familia

Cada vez más niñas y niños crecen en familias enlazadas o reconstituidas. Estas ideas ayudan a que la vuestra crezca con calma.

  1. Inventad vuestros rituales

    Una noche de pizza, un desayuno de domingo, una canción en el coche. Lo que es solo vuestro va creando familia.

  2. Su sitio en su casa

    Su cuarto, su taza, su cepillo de dientes, sus dibujos en la nevera y fotos de todos juntos por la casa. Que sienta que es su casa, porque lo es.

  3. Los adultos, un mismo equipo

    Pactad las normas a solas y contadlas juntos. Delante de los niños os respaldáis; las diferencias se hablan después.

  4. Planes de dos

    Que la madrastra y el niño tengan sus propios ratos: un helado, un paseo, una tarde de manualidades. Ahí nace el vínculo.

  5. Dejad que elijan las palabras

    Momi, su nombre, un mote… El nombre bueno es el que les sale del cariño.

  6. Algo que sea vuestro

    Una pulsera a juego, una planta que cuidáis juntos, un cuaderno donde pegáis recuerdos. Un objeto compartido os recuerda que sois familia.

  7. Cuidad también la pareja

    Una pareja que se cuida es la base de la casa. Reservad tiempo para vosotros, sin culpa.

  8. Dad tiempo y pedid ayuda pronto

    La confianza no se pide, se construye. Si algo se atasca, la terapia familiar o una red como ASTRAS pueden acompañaros.

Guías gratuitas para imprimir

Tres guías, cada una pensada para quien la va a usar. Ábrela y guárdala en PDF o imprímela.

Están hechas con mucho cariño, con ideas que creemos que pueden ayudar, pero no son un material profesional ni sustituyen las pautas de profesionales.

Apoyo para madrastras y familias enlazadas

Cada uno tiene su papel, y todos caben

Las dudas del día a día de una familia enlazada, contestadas con normalidad. Son ideas, no reglas: cada familia encuentra su ritmo.

Una figura parental más

Eres una figura parental. Cada persona vive este papel a su manera y, dentro de una familia con hijos menores, la responsabilidad se comparte con su padre. Todo esto vale igual para los padrastros.

Sin prisa y sin expectativas. Habla antes con tu pareja: cómo te va a presentar y qué le va a contar. Mejor encuentros cortos y planes sencillos, como un parque o un helado. No tienes que ganártelo en un día: sé tú misma y deja que se acerque a su ritmo.

Interesándote de verdad por lo que le gusta, escuchando más que hablando y buscando pequeños planes de dos cuando ya haya confianza. No hace falta competir por su cariño ni ganártelo con regalos: el vínculo nace de los ratos compartidos.

Hablad antes en pareja de qué cambia y qué no. Respeta sus espacios y sus rutinas, y haz que la casa también tenga cosas tuyas: es la casa de todos. Pide a tu pareja que te dé tu lugar desde el principio y que lo diga con claridad: eres una adulta de la familia.

No hay un día marcado: es un proceso. Empieza cuando compartís el día a día, cuando te implicas en la vida de casa y el niño o la niña empieza a verte como un adulto de referencia. Que tu pareja y la familia te reconozcan ese papel ayuda a asentarlo.

Cada persona vive este papel a su manera y no hay una única forma correcta. Pero, en una familia con hijos menores, lo habitual es que te responsabilices de ellos y que compartas esa responsabilidad con su padre: sois el equipo de adultos de la casa. Hablad entre vosotros y dejad claro qué hace cada uno.

La cena, el colegio, los deberes, una rodilla herida… Todo eso se reparte entre los adultos de la casa, cada uno a su manera. Organizaos según el día, las ganas y las posibilidades de cada uno, y revisadlo de vez en cuando: lo que funciona hoy puede cambiar mañana.

Es tu casa y eres una figura parental, así que también te corresponde. Pactad las normas en pareja y contadlas juntos: que sean claras, iguales para todos y con su porqué. Puede que al principio tu pareja ponga los límites más grandes y que tú vayas asumiendo más a medida que crece la confianza.

Pasa en todas las familias y no significa que algo vaya mal. Mantén la calma, recuerda la norma con cariño y, cuando todos estéis tranquilos, hablad. Pide a tu pareja que te respalde delante de él o de ella; si no estáis de acuerdo en algo, lo habláis después, a solas.

Como se sienta bien quien te lo dice: tu nombre, un mote o un nombre inventado entre vosotros. No hace falta decidirlo el primer día y puede cambiar con el tiempo.

Cuando te sientes sin lugar, sola o agotada; cuando en pareja discutís siempre por lo mismo; o cuando ves al niño o a la niña triste o enfadado durante mucho tiempo. La psicología, la terapia familiar o de pareja y la mediación familiar pueden acompañaros. Pedir ayuda no es fracasar: es cuidar de todos, también de ti.

¿Cuándo pedir ayuda a un profesional?

Si el niño lleva tiempo triste, enfadado o cambia el sueño, el apetito o el colegio, habla con su pediatra o con el orientador del colegio. Pedir ayuda no es fracasar: es cuidar.

Y si hay conflictos, o ves que ocurren cosas que dejan al niño en medio, pide ayuda profesional y legal.

Esta información es orientativa y no sustituye el consejo de un profesional.

Álbum ilustrado infantil · Apuleyo Ediciones

Un cuento para descubrir qué es una madrastra

Contado con la mirada de una niña, desde el amor y el cuidado. Para leer juntos, en casa o en clase.

Texto
Belén Diloy
Ilustraciones
Daniel Estandía

Muy pronto

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Belén Diloy sonríe mientras mira un ejemplar de Mi madrastra

La autora

Belén Diloy

Belén es madrastra desde hace ocho años. Conoció a su peque cuando ella tenía solo cuatro, y la transición fue fácil: la niña la llenó de amor desde el principio, y fue maravilloso. También gracias a su marido, un padre implicado y cariñoso que siempre supo darle su lugar.

Escribió Mi madrastra pensando en ella y en todas las familias que, como la suya, están llenas de amor.

Una mirada, con datos

Lo que casi nunca se cuenta de las madrastras

La madrastra no es la bruja del cuento: es una persona que ama y comparte su vida con alguien que ya tiene hijos. Y aun así, carga con un estigma que no le corresponde.

Una madrastra es, ante todo, una mujer que se enamora

Parece una obviedad, pero hay que decirla, porque se olvida: una mujer se enamora de un hombre. Y cuando te enamoras, te enamoras de todo: de la persona entera, con su pasado y con sus hijos, si los tiene.

Todas las personas tienen derecho a enamorarse y a rehacer su vida, también las que ya tienen hijos. Querer estar en la vida de alguien es querer estar en la de sus hijos, porque forman parte de ella. No es una intromisión ni una competencia: es lo que pasa cuando se quiere a alguien de verdad.

Y al revés: si tienes hijos y te enamoras, deseas que esa persona también los quiera y los cuide, porque forman parte de tu vida. Lo mismo ocurre cuando eres tú quien llega: los hijos forman parte de la persona a la que quieres, y cuidarlos es también una forma de quererla. Esto vale igual para los padrastros.

Un estigma que viene de los cuentos

La madrastra malvada aparece en cuentos populares de muchas culturas, y la investigación sobre la identidad de las madrastras describe cómo ese mito sigue condicionando la forma en que se las ve1. En España, la UNAF recoge que los estereotipos ya casi no se dicen en voz alta, pero perviven como un prejuicio sutil: se da por hecho que el vínculo con los hijos de la pareja es débil, o que son una carga2.

Invisibles hasta en las estadísticas

El Censo asigna a cada persona un único hogar, el de su residencia habitual, y no recoge que un menor pueda vivir en dos casas. Las situaciones de custodia compartida, los regímenes de visitas o las estancias en fines de semana y vacaciones no quedan reflejadas: en el hogar donde el menor no está registrado, la familia figura como una pareja sin hijos. Por eso las cifras que existen (casi medio millón de hogares en 2011, un 2,7 %) son, según la propia UNAF, una estimación a la baja2.

Si cuidas, mal; si no cuidas, también

Es lo que cuentan muchas madrastras: comentarios como «ten los tuyos» o «no cuides hijos ajenos» y, al mismo tiempo, reproches si no se implican. La investigación coincide en que su papel es ambiguo y poco reconocido: en un estudio con 135 mujeres, las madrastras mostraron más estrés parental y más síntomas depresivos que las madres biológicas, y percibían menos aprecio por parte de los niños3. Una revisión anterior ya se preguntaba por qué su estrés es mayor4.

Cuando la competencia es entre mujeres

Muchas madrastras dicen que los comentarios más duros les llegan de otras mujeres. El informe de la UNAF observa que, cuando las dos figuras de referencia son mujeres, la competencia aparece bastante más que cuando son dos hombres, y lo relaciona con cómo se reparten socialmente los cuidados2. Señala también que una de las actitudes que más dificultan la colaboración entre hogares es impedir cualquier participación de la nueva pareja del padre, usando la falta de vínculo biológico para jerarquizar2. Para la autora, detrás hay a menudo miedo (a perder el lugar, a ser juzgada) y una cultura que enseña a competir por ser «la buena madre».

Y hay una contradicción difícil de ignorar: llevamos años luchando para que una mujer no se reduzca a su papel de cuidadora, pero cuando aparece una madrastra, es justo lo único que se mira de ella. Si cuida, cómo cuida, si cuida demasiado o demasiado poco. Como si de pronto una mujer volviera a ser solo eso. Si cuidar ha de ser un trabajo compartido y reconocido, y si una mujer es mucho más que lo que cuida, la sororidad también tiene que incluir a las madrastras.

Si te toca vivirlo, recuerda esto: a veces no te odian a ti, odian lo que representas. Quizá un fracaso, quizá su propia inseguridad. No es algo tuyo ni un problema tuyo: es algo que tiene que resolver la otra parte.

Las madrastras no están solas

Muchas madrastras viven este papel en silencio, entre el estigma y la falta de reconocimiento. No tiene por qué ser así. Somos ASTRAS, una asociación de mujeres madrastras, y ofrecemos un espacio seguro y una red de apoyo a todas las familias reconstituidas que necesiten ayuda.

Quiero formar parte de la red

  1. Dainton, M. (1993). The myths and misconceptions of the stepmother identity: Descriptions and prescriptions for identity management. Family Relations, 42(1), 93–98.
  2. Garrido Luque, A. (inv. resp.), Alonso Flores, P. y Lorente Clemares, R. (2018). Las familias reconstituidas en España. Madrid: UNAF (Unión de Asociaciones Familiares). Informe completo (PDF).
  3. Shapiro, D. N. y Stewart, A. J. (2011). Parenting stress, perceived child regard, and depressive symptoms among stepmothers and biological mothers. Family Relations, 60(5), 533–544. doi:10.1111/j.1741-3729.2011.00665.x
  4. Nielsen, L. (1999). Stepmothers: Why so much stress? A review of the research. Journal of Divorce & Remarriage, 30(1–2), 115–148.
  5. Buchanan, C. M., Maccoby, E. E. y Dornbusch, S. M. (1991). Caught between parents: Adolescents’ experience in divorced homes. Child Development, 62(5), 1008–1029.
  6. Afifi, T. D. y Schrodt, P. (2003). “Feeling caught” in stepfamilies: Managing boundary turbulence through appropriate communication privacy rules. Journal of Social and Personal Relationships, 20(6). doi:10.1177/0265407503206002
  7. Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, art. 1.2. BOE n.º 134, de 5 de junio de 2021. Texto en el BOE
  8. Hibbard, R., Barlow, J., MacMillan, H. y Committee on Child Abuse and Neglect (2012). Psychological maltreatment. Pediatrics, 130(2), 372–378. doi:10.1542/peds.2012-1552
  9. APSAC, American Professional Society on the Abuse of Children (2019). The APSAC Monograph on Psychological Maltreatment.
  10. Fundación ANAR. Teléfonos de ayuda a niños y adolescentes y a familias. anar.org

Cuando hay conflicto

Cuando el niño queda en medio

La mayoría de las familias enlazadas encuentran su manera de entenderse. Pero cuando los adultos no lo consiguen, quien más lo sufre es el niño.

De dónde nace el conflicto

Cuando una familia se enlaza, llegan también los miedos. El miedo a ser sustituida, a perder el lugar o el cariño de un hijo. La duda de no saber cuál es el papel de cada uno. Las heridas de una separación que todavía no ha cerrado. Y, a veces, la competencia entre adultos que deberían ser equipo: entre mujeres, entre las dos casas, entre lo que cada uno cree que le corresponde.

Son emociones humanas y comprensibles. El problema empieza cuando no se resuelven entre adultos y acaban recayendo sobre quien menos puede defenderse. Una coparentalidad difícil, un choque de papeles o un «me está sustituyendo» que nunca se habla se convierten, sin que nadie lo quiera, en una guerra en la que el niño queda en medio.

Y la verdad es que nadie sustituye a nadie. Cada persona tiene su propio lugar, y el niño necesita a todos los adultos que le quieren, en paz.

Los hijos no son una posesión

Cuando los adultos compiten, el niño queda en medio. Insultar a la madrastra delante del niño, no dejarle hablar con ella o hacer comentarios despectivos sobre ella son cosas que el niño siente, aunque nadie se las explique. El informe de la UNAF señala que proyectar en los hijos lo que se siente hacia el padre y su nueva pareja dificulta la relación entre hogares y que, en situaciones extremas, puede acabar alejándolos de una de las casas2. Lo mismo vale para cualquier adulto, en cualquiera de las dos casas.

Sentirse «atrapado entre dos hogares» es un fenómeno estudiado, y se asocia con más malestar emocional en los menores5,6. Para el niño, cada comentario es una pregunta sin respuesta: si quiero a una, ¿estoy fallando a la otra? Si querer a la persona nueva se vive como una traición, aprende a esconder lo que siente y a vivir dos realidades que cree incompatibles; los niños crecen, pero esa tensión crece con ellos y, en los casos más tensos, acaba necesitando apoyo profesional. Los hijos no son de nadie: tienen derecho a querer a todas las personas que los cuidan.

Cuando el niño se usa como instrumento

En los conflictos más duros, algunos menores viven cosas como estas:

  • Se les dice que no pueden querer a la madrastra, o que quererla es traicionar.
  • Se les advierte de que, si cuentan algo de lo que pasa en la otra casa, «se van a meter en un lío».
  • No se les deja estar a solas con ella, o se les repite que ella «no puede cuidarlos».
  • Se niega entregar al niño a la madrastra cuando es ella quien va a recogerlo en el turno del padre.
  • Se escribe al colegio, al médico o a las extraescolares para negarle a la madrastra la entrada o el acceso, y se intenta dejarla fuera de funciones y celebraciones escolares, para intentar apartarla de la vida del niño.
  • Se escuchan sus llamadas y se cortan si la madrastra saluda al niño.
  • Se habla mal de ella y del padre delante de otras personas, con el niño escuchando.
  • Se montan escenas en los intercambios o cuando coinciden los adultos, con gritos, hasta que el niño acaba llorando.
  • Se les usa de mensajeros, de espías o de arma contra el otro hogar.

Cuando los miedos o el orgullo de los adultos pasan por delante del bienestar del niño, el niño lo nota y sufre, aunque no lo diga. Todos los niños tienen derecho, amparado por la ley, a crecer queridos, cuidados y en un entorno sano7, y la ley interviene para protegerlos cuando ese derecho se ve dañado. Los especialistas advierten de que rechazar, asustar o apartar a un niño de las personas que forman parte de su núcleo familiar le hace daño emocional8,9. Los niños tienen derecho a relacionarse con las personas que quieren. No hablamos de un comentario desafortunado en un mal día, sino de algo que se repite y deja al niño en medio.

Dejemos que los niños sean niños. Un niño no debería cargar con los miedos, los rencores ni las heridas de los adultos que más quiere. No elige en qué familia nace ni en cuántas casas crece: solo necesita sentirse a salvo en todas. Cada vez que se le pide que no quiera, que calle o que elija, se le arranca un pedazo de infancia que ya no vuelve. Todas las familias son buenas cuando ponen al niño en el centro. Lo que necesita es sencillo, y es lo único que importa: amor y cuidado, de quien le quiere y le cuida.

Si crees que tú, o tu hijo o hija, estáis sufriendo esto

Busca ayuda profesional y legal. No lo afrontes en soledad: un psicólogo o psicóloga infantil y familiar puede acompañaros, y un abogado o abogada de familia puede explicarte qué opciones tienes. Si no puedes costearlo, pregunta en el Colegio de Abogados de tu zona por la justicia gratuita.

Esta información es orientativa y no sustituye el consejo de un profesional.

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No. Esta web es un espacio para hablar de las familias. La historia completa de Aitana y Momi está en el libro.

Sí, puede ayudar. No es un cuento sobre la separación o el divorcio en sí, sino sobre lo que viene después: cuando la familia cambia de forma, los niños viven entre dos casas y llega alguien nuevo. Es una lectura pensada para que niñas y niños entiendan su nueva familia con naturalidad y sientan que hay sitio para todos los que les quieren.

Para nada. Habla de las familias que cambian de forma y de que en todas hay sitio para el cariño. Cualquier familia puede verse reflejada.

Es la mujer que forma pareja con un padre que ya tiene hijos. Para esos niños es una figura parental más: una adulta de su núcleo familiar que comparte con su padre la vida y la responsabilidad de cuidarlos. Si es un hombre, se llama padrastro. Es, sencillamente, familia.

Es la familia que se forma cuando una persona con hijos tiene una nueva pareja. Según el país, recibe nombres distintos: en España se habla de familias reconstituidas o enlazadas; en Argentina, Uruguay o Chile, de familias ensambladas; en México y otros países, también de familias mixtas o reconstruidas. Y hay quien las llama familias mosaico. Todos los nombres hablan de lo mismo: una familia con más personas que se quieren.

Porque es la palabra que existe y merece recuperarse: los cuentos la cargaron de una maldad que no le corresponde. Llamar a alguien madrastra no es compararla con nadie: es darle nombre a su propio lugar. Y cada familia puede usar el nombre que prefiera: lo importante es que salga del cariño.

Todo lo que contamos vale igual. Cambia la palabra, no el cariño.

Se lee mejor en compañía. Los más pequeños disfrutan de las ilustraciones y los mayores, de las conversaciones que abre. Para la edad recomendada exacta, consulta la ficha en la tienda.

Estará disponible en Amazon, El Corte Inglés y Fnac. En cuanto estén los enlaces, los verás en la sección «El libro».

Sí: hay tres guías gratuitas para imprimir: un cuaderno de actividades para peques, una guía para el profesorado con actividades por edades y una guía para familias. Están en la sección «Para los mayores».

Se queda en tu dispositivo: no se envía ni se guarda en ningún servidor. Si quieres conservarlo, pulsa «Guardar mi dibujo». Y si quieres que lo publiquemos, pregunta a tu familia y que nos lo envíen por email a hola@mimadrastra.com.

Claro. Escríbenos desde la sección de contacto y lo preparamos juntos.

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